Confesión de un hombre deprimido

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No hay ninguno de nuestros actos que al crear al hombre o a la mujer que queremos ser, no cree al mismo tiempo una imagen del hombre o mujer tal como consideramos que debe ser. La vida es incomprensible en muchos de sus aspectos. Luchamos, nos afanamos en la consecución de nuestras metas y objetivos y cuando mas entusiasmados estamos, en el trayecto recibimos sorpresas inauditas, pruebas terribles, enfermedades, muertes inesperadas, en fin hechos que nos marcan y que nos llevan a veces a creer como los existencialistas que dicen que no hay naturaleza humana porque no hay Dios para concebirla y hasta llegamos a pensar que el hombre es lo que él se hace. ¿Cómo concebir ese final infausto de un hombre como Juan el bautista? Un hombre que tuvo el privilegio de bautizar a Jesucristo y terminar vilmente decapitado por los caprichos de una filistea. ¿Cómo concebir a Esteban, en pleno ejercicio evangelístico y ser apedreado hasta acarrear su muerte? Parecería cierto lo que dijo el gran intelectual Argentino Ernesto Sábato, un hombre al que solo le faltaron 51 días para cumplir 100 años y sin embargo expresó: La vida es tan corta y el arte de vivir tan difícil que cuando vienes aprenderlo todo, ya tienes que morirte. Yo no entiendo a veces a Dios cuando me dice: Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia, pero en el momento mas inesperado un acontecimiento nos roba el gozo. Confieso que Dios es soberano y no soy quien para inquirirlo. Por eso para no poner en juego mi salvación por todo lo que nos acarrea, termino mi confesión con las palabras del profeta Habacuc cuando dijo: Con todo yo me alegrare en Jehová.

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